Me hubiese gustado que cruzaras esa puerta, me gusta que me sorprendas aún cuando me lo espero. Las pequeñas sorpresas son las que dan el significado a las cosas; que llamaras al timbre, que sonrieses por la mirilla, el vértigo en mi estómago al verte al otro lado, la distancia comprimida y los besos consecuentes.
Me gusta que me sorprendas porque nunca se donde encontrarte y yo, como una cría recorro cada esquina buscándote. También me sorprendes cuando me hablas y me miras...pero aún estoy esperando que llames a la puerta.
A veces me siento metáfora. Quizás la puerta soy yo y deseo que me invadas o tu eres la tierra al otro lado y debo conquistarla.
Nose, puede, quizás...la duda es mi mejor aliado para no perder la esperanza aunque al fin y al cabo, el timbre sigue sin sonar... y por eso ya ni yo me sorprendo...