viernes, 11 de noviembre de 2011

El Principito.

Odio las despedidas.
Como una roca, me abro cuando me rompen y es algo que siempre me ha resultado muy difícil, sacar los sentimientos, explicarlos y esperar a recoger las semillas de sus efectos; suerte que hacíamos un gran equipo y contigo nunca me hizo falta tener que explicar nada dos veces.

Recorríamos (y lo seguimos haciendo) un camino juntos, chapoteando en los charcos de las circunstancias y riendo de forma sincronizada. ¿Recuerdas cuando buscaba escalones para situarme a tu altura y así poder...?

Y ahora aunque en diferente contexto, seguimos respirando el mismo aire, y juntos, formamos un único pulmón. Pero tu del Norte, yo del Sur; el instinto, el estómago o el corazón nos pedían universos paralelos y tu pronto te embarcarás en una nave espacial, muy lejos de aquí, siguiendo una estrella. Es lo que necesitas, ahora luces de colores y rayos de sol, y te veo como un gigante, sonriente y verde, y hermoso e inteligente; eres como un sueño y ella, tu estrella, es culpable de ello, culpable de tu felicidad, de la mía, porque lo tuyo es lo mio.
En realidad no es una nave espacial , es un avión pero sé que en el pecho te sentiré a años luz de mi.

Eres como "El Principito" de expedición, siempre vuelve a cuidar a su rosa.

Sabes que odio las despedidas, prefiero el papel en blanco sin condicionantes ni colorantes, aunque espero que tú al igual que "El Principito" volvía a cuidar su planeta, sepas que siempre habrá en mi un imperio de rosas por las que espero que vuelvas...