Hace ya mucho tiempo, cuando la tierra no era más que llanuras y bosques y el hormigón no había establecido su dictadura aún, el mundo se regía por los vientos del Sur y del Norte, brisas paralelas y opuestas que cruzaban sus caminos sin entrelazarse nunca.
En cierta ocasión la brisa del Sur aburrida ya del asfixiante calor que emanaba se permitió el lujo de prestar atención al viento del Norte y lo que percibió la dejó impresionada. Jamás había experimentado con una brisa fresca y eso era impensable, su destino siempre fue el calor pero algo había más alla de las vibraciones que esa brisa le mostraba, le hacía confiar en que había un camino que debían recorrer unidos, no sabia si era bueno o malo ese sentimiento, simplemente que le hacia perder el rumbo.
Desde aquel día en que se dio cuenta de la existencia del viento del Norte su ruta diaria era una continua e inquietante espera hasta el momento preciso en que ambos vientos se cruzaban y ella podía volver a gozar como cada día las vibraciones de aquel poder...
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