viernes, 3 de abril de 2009

Carta a un padre

Bajo la tibia penumbra de la luna de Abril, no pienso más que en los calidos rallos de luz que acariciarán mañana mi rostro en tu nombre. Se colarán entre las ranuras de mi persiana entretejiendo aquel sutil “Buenos días” que nos hace vivir con tu fuerza.
Y por más que unas palabras no consigan solucionar el mundo, nos hace sentirnos con capacidades de llegar a rozar el cielo. Nos da la falsa ilusión de que, por ejemplo, esta carta pueda un día llegar a su destinatario. Esta es la magia de las palabras, son capaces de cultivar esperanza en terrenos ya muy áridos. De un modo inútil e infantil me siento con necesidades de preguntarte ¿Qué tal todo por allí? ¿Cómo es y que se siente? ¿Nos echas de menos? Aquí a ti si.
No hay mañana en la que no se recuerden tus enfados, lo eternas que se hacían las noches hasta que todos en pijama acudíamos a tu encuentro en la estación. Ese era el momento más alegre del día, cuando bajabas con tu sonrisa y nosotros, pequeños e inocentes nos escondíamos bajo los sillones del coche para darte una sorpresa tras la típica mentirijilla de mamá en la que te aseguraba que no teníamos interés en verte. Nunca creías esas palabras, y ahí se hallaba la gracia del juego. Nunca dejamos de interesarnos. Siempre nos encontrábamos escondidos bajo aquellos sillones.
Ya no hay viajes en pijama hacía la estación, ni largas siestas de domingo, ni aquellas noches de madrugada en la que bajaba preocupada al no verte dormir y te encontraba con tu cigarrillo en mano, fluyendo entre el humo y los números, era tan pequeña…adoraba a mi padre por que era el más listo de todos y de mayor, quería ser como él.
Tristemente el tiempo pasa y vamos siendo mayores, nos hacemos fuertes y cambiamos, y aunque ya no sea tan niña, yo te recuerdo como tal. Como la niña a la que sentabas en tus rodillas y a la que pedías que te diera un beso. Por ser tan testarudo te contagié la varicela. Aun me acuerdo de las tardes de verano mientras te rociábamos con polvos de talco para el picor. Que hombre tan cabezota y amable. Siempre fuiste de todos.
Las cosas funcionan al ritmo que el tiempo nos dicta, por que aunque sin ti, la vida avanza para todos y no tiene clemencia. Cuatro años han pasado ya, se dice rápido, pero yo soy ya una mujercita y a los pequeños, tan iguales y a la vez diferentes no dejan de quedárseles chicos los zapatos...
Mamá tan dispersa y risueña como siempre, navega en el mundo con más entusiasmo y maña que nadie. Todos nos sorprendimos, pero yo siempre supe que ella era capaz de todo. Brilla con luz propia.
Por desgracia las horas avanzan y el sueño me vence, mañana me espera un largo dia. El sol volverá a mi cama una vez más, fuerte y majestuoso...aunque jamás volvió a lucir tan esplendoroso como el día en que marchaste con él, aquella mañana rugió ávido de luces de colores que formaban ilusiones y esperanzas de todo el mundo, almas camino del cielo para reunirse con la luna que ahora me acompaña. Dulce viaje… ¿Quien no iba a entenderlo? Todos caemos en el vicio alguna vez, y ¿quien no soñó nunca con verse entre las estrellas?

Te quiero.



Remite. Tu hija.

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