En el mundo de cuca las ilusiones son tan frágiles como los sorbos de cristal líquido.
Tan imprevistas como sus consecuencias, tan temidas como esperadas, tan divinas como trágicas.
Hace algún tiempo perdió la inocencia y la vergüenza al abrir la boca y tragarse los restos de su vida. Las palabras le ardían en el estomago y apenas llegaban a ser penosos balbuceos pero su risa era tan ensordecedora que equilibraba el silencio absoluto de su lucidez.
Por una vez creyó que lo mejor era no pensar en nada y dejarse llevar por la mágica intuición influenciada. No quiso dar la vuelta al rumbo a sabiendas que iba hacia la deriva. Tenía tantas ganas de equivocarse por si sola que ya no le importo la magnitud de sus errores, de sus tropiezos, de sus caídas y recaídas en un mundo que ya no le pertenecía.
Al principio luces de color iluminaban cada rincón que pisaba pero poco a poco aquellas luces se fueron destiñendo y manchando las esperanzas de volver a empezar y borrar las historias sumergidas en las profundidades de la noche ahora envejecida por la ingesta de sustancias nocivas para el alma. Llego a un punto en que confundía si consumía o se consumía como una vela que vertió su cera en la piel de sus tóxicos pulmones.
De todos los colores solo quedo el negro en su órgano mas vital el que le dio el aliento que ahora ella contamina, de pies a cielo fue cabeza al infierno sin viaje de regreso sin pausa y con demasiada prisa para su precaria adolescencia, se hizo un flaco favor al intentar entrar en una historia sin final feliz. No supo jugar con los límites y el azar le hizo devolver el daño que hizo sin intención, sin conciencia, sin corazón.
Vagabunda de amor, la muerte la recogió de la calle y la llevo a un lugar mejor que no debió haber conocido hasta mucho mas tarde.
Quizás la muerte tenga entrañas quizás la muerte este más viva que la niña que cuca tiro junto a su fuerza a su voluntad y a su sonrisa.
Cuca fue obligada a recuperar su mundo, a volver del de los muertos para alcanzar otra vez a aquella niña que prefería esperar que ganarse las pesadillas...
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