Ven, que acompañen tus labios a tus dedos al lugar más recóndito de mi alma. Haz brotar flores en mis tierras áridas, tú, fuente de vida; tus labios aran mi piel erizando campos de templanza.
Saca de mi el más bello perfume de vértigo y trementina, los olores de placeres sucumbidos en la historia. Las vibraciones que destruyeron naciones vuelven a mis raíces exigiéndome sucumbirte al sol.
Hoy mi voz eclipsará al trueno, a las tormentas y al aletear de una mariposa. Hoy tus labios se empaparán de éxtasis y yo, seré yo al desnudo, sin piel ni muros.
Deseame a ciegas, exalta mi feminidad, hoy deseo morir en esta guerra.
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